Hay hazañas que no se miden en goles ni en puntos de tabla. La de la Selección Mexicana rumbo al Mundial de Uruguay 1930 es una de ellas. Mientras hoy el Tri aborda un avión y en pocas horas está en cualquier sede, aquellos once guerreros del fútbol nacional tuvieron que ganarse el derecho a pisar una cancha mundialista a bordo de trenes y barcos, con el mar abierto como único camino. Y todo empezó aquí, en Veracruz.
La travesía del equipo nacional comenzó el 2 de junio de 1930 cuando partieron de la Ciudad de México hacia el puerto de Veracruz. Desde la estación de Buenavista, los jugadores abordaron el tren que los llevaría al mar. No eran estrellas millonarias ni profesionales de tiempo completo: los jugadores no vivían del fútbol y tuvieron que pedir permisos para ausentarse de sus trabajos. Así era el fútbol de entonces. Así era México en 1930.
Al llegar al puerto jarocho, se embarcaron rumbo a lo desconocido. El barco zarpó desde Veracruz rumbo a La Habana, de donde viajaron a Nueva York para comprar balones; incluso disputaron un amistoso. ¿Por qué subir hasta Nueva York para bajar a Uruguay? La respuesta era sencilla pero contundente: en 1930, solo desde el puerto neoyorquino zarpaban los barcos con la infraestructura necesaria para cruzar el Atlántico hacia el Cono Sur.
De la Gran Manzana salieron en compañía de Estados Unidos, en una travesía que duró 26 días más. Casi un mes de océano sin tocar tierra firme. Pero Juan Luque de Serrallonga, el técnico español al mando, no iba a dejar que sus muchachos se oxidaran. Aunque las selecciones realizaron ejercicios de calistenia y cardio, tocaron pocas veces el balón por el riesgo de que cayera por la borda. De hecho, amarraron uno al poste y brincaban para cabecearlo o alcanzarlo con el pie. Eso sí es entrenamiento con lo que hay.
Llegaron a Río de Janeiro a pocos días de su debut mundialista y tuvieron un par de prácticas en Botafogo antes de trasladarse a Montevideo, donde se hospedaron en Villa Lezica.
Juan Luque de Serrallonga, futbolista y entrenador, fue el encargado de llevar a la Selección Mexicana a la primera Copa del Mundo en Uruguay 1930. Serrallonga nació en Girona y luego de una trayectoria como portero que lo llevó a defender las camisetas del Cádiz FC y el Sevilla, dejó las canchas, viajó al Continente Americano y encontró refugio en México, donde comenzó su carrera como director técnico.
Su figura es doblemente especial para los veracruzanos: después del prestigio de ser el primer entrenador de la selección en un Mundial, volvió a hacer historia ganando la liga con los Tiburones Rojos de Veracruz en la temporada 1949-1950. Hombre de carácter y con un estilo muy particular, en su época los entrenadores lo más que hacían era dirigir los entrenamientos, mientras que don Juan decidía las convocatorias, las alineaciones, el sistema táctico, y se involucraba en la vida personal de sus jugadores con el afán de que estuvieran listos para el siguiente juego.
Antes del partido contra Francia, la arenga de Serrallonga se volvió legendaria. Apeló al patriotismo recordando la Batalla de Puebla: "Si el general Ignacio Zaragoza pudo vencer a los franceses, también podemos nosotros". El discurso fue tan emotivo que jugadores como el "Chaquetas" Rosas rompieron en llanto, mientras el masajista Tramaglio, confundido, preguntaba: "¿Vamos a la guerra o al fútbol?".
| Partido | Resultado | Fase |
|---|---|---|
| México vs Francia | 1-4 | Grupo 1 |
| México vs Chile | 0-3 | Grupo 1 |
| México vs Argentina | 3-6 | Grupo 1 |
| Estadística | Dato |
|---|---|
| Goles a favor | 4 |
| Goles en contra | 13 |
| Lugar final | 13.° (último) |
| Duración del viaje | Aprox. 28 días |
| Primer gol mexicano en Mundiales | Juan Carreño (vs Francia) |
Más que un fracaso aislado, fue el inicio de un proceso de adaptación al ritmo del fútbol mundial, en una época donde simplemente llegar a un Mundial ya era, por sí mismo, una hazaña. Aquellos jugadores no tenían contratos millonarios, no tenían aviones privados ni cuerpos técnicos de 30 personas. Tenían ganas, un balón amarrado a un poste en medio del océano, y la camiseta de México puesta con orgullo.
Y la historia arrancó desde aquí, desde el puerto de Veracruz. Desde el mismo malecón que hoy mira al mar, un grupo de hombres valientes subió a un barco y puso a México en el primer partido de la historia de los Mundiales. Eso no lo borra nadie.